miércoles, 2 de agosto de 2017

El huracán Sandy.

En 2012 sucedió uno de los huracanes más mortiferos de la historia de Estados Unidos. La tormenta Sandy mató a 147 personas, dejó a millones de personas sin electricidad y rompió récords. Es la presión más baja de un huracán al norte del Cabo Hatteras. Fue el segundo huracán más destructivo después del impacto del Katrina en Nueva Orleans (2005)

Libro: Supertormenta: Nueve días dentro de Sandy.
Autora: Kathryn Miles.
Entrevistador: Simon Worrall.

¿Qué te llevó a escribir sobre este huracán? Por lo que sé, tú eres del Corredor de los Tormados.

En otoño de 2012 me encontraba en Carolina del Norte visitando a unos familiares. Por la televisión supe que una réplica de la Bounty, un buque de exploración del siglo XVIII, se había hundido en medio de la tormenta Sandy. Quise saber más. De hecho escribí un artículo sobre el rescate de los tripulantes del buque de vela a manos de la Guardia Costera en la revista Outside. Quise publicar un artículo explicando cómo era posible que tres grupos tan dispares: la tripulación de una réplica de un velero del siglo de las Luces; los cazadores de huracanes; y los marineros de la Guardia Costera, quisieran arriesgar sus vidas en medio de ese huracán.

Sandy fue predicha por el Centro Europeo de Predicciones Meteorológicas de Mediano Plazo, en Reading, Inglaterra. Dínos por qué hay tantos modelos meteorológicos y por que los hombres del tiempo estadounidenses fallaron.

El Centro Meteorológico Nacional y el Centro Nacional de Huracanes usan normalmente unos 40 modelos que dicen cosas totalmente distintas de cómo se va a desarrollar una situación. Mientras un modelo dice que un huracán va a hacer A, otro dice que va a hacer B. Los modelos estadounidenses afirmaban hasta cuatro días antes de que Sandy tocara tierra que este huracán no iba a salir del mar. Pero el sentido común y los conocimientos prácticos acerca del comportamiento de otros huracanes anteriores permitieron respaldar las predicciones del Centro Europeo de Predicciones Meteorológicas.

Los héroes de esta historia son los cazadores de huracanes. Dínos por qué se merecen un pellizco más del presupuesto de nuestros impuestos.

Fundamentalmente porque salvan vidas con sus datos y predicciones. Usan aviones C-130, que la Marina suele usar para detectar submarinos. En las tripulaciones de cinco hombres hay dos pilotos, un meteorólogo, un navegante y un maestro de carga, que se ocupa de asegurarse que los aparatos electrónicos funcionan.
Sandy se formó entre Colombia y Venezuela, en las aguas del Caribe, por lo que los pilotos tuvieron que volar ocho horas solo para estar en el vértice de la tormenta.

Analizas en tu libro los motivos psicológicos de las decisiones que tomó la tripulación de la goleta de vela Bounty, así como los de los vecinos de la costa Este que se negaron a ser evacuados.

Tomaron la decisión con las vísceras. Es muy fácil. El capitán de la goleta dija a los tripulantes que iba a zarpar y que la tripulación sólo tenía unos minutos para decidir si embarcaban o se quedaban en tierra. La mayoría de ellos embarco. Pensaron que ya habían estado en tres o cuatro huracanes, que habían pasado sin incidentes por la experiencia, y que esta vez no sería diferente.
La gente de las comunidades costeras que tocó el huracán Sandy pensaron en el huracán Irene. Esa vez atendieron a la llamada de evacuación, y no fue tan grave. Lo peor que pasó es que los saqueadores hicieron su agosto. Esta vez, pensaron, no sería diferente.
Cuando muchas personas de la comunidad toman esa decisión, es más fácil quedarse para no desentonar, para no hacer frente a las consecuencias de desentonar, que hacer caso al sentido común. A eso lo llamo el "cerebro lemming".

Creo que las principales victimas fueron la ciudad de Nueva York y el estado de Nueva Jersey, ¿verdad?

Hablé con el jefe del Servicio Meteorológico Nacional y decían que no querían que nadie se acordase de Irene. Era una palabra tabú. Tan pronto como la gente pensase en el parto de los montes que fue Irene bajaría la guardia.
En el huracán Katrina el 80 por ciento de la población evacuó. En Nueva York, el 70 por ciento de los ciudadanos decidió quedarse con la excusa de que con Irene no había sucedido nada.
Cuando el sistema informático del Centro Nacional de Huracanes se colapsó decidieron dejar la responsabilidad a los hombres del tiempo del Centro Meteorológico Nacional, que empezaron a lanzar mensajes contradictorios a la población. Estos consultaron en Internet, y los metereólogos aficionados desinformaron a la gente con sus partes no profesionales. Fue un verdadero desastre.
La alcaldía de Nueva York decidieron esperar hasta el último momento para fletar autobuses para evacuar, y lo hicieron sólo ocho horas antes de cerrar el metro.
Sandy nos enseña que, en lo tocante a los huracanes es mejor pecar de prudentes que trattar de hacer frente a lo imprevisible.

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