miércoles, 26 de abril de 2017

Expediciones en busca del Arca de Noé.

Desde que la Biblia fijara el lugar donde, supuestamente quedó varada la nave de Noé, el monte Ararat, arqueólogos y exploradores la han buscado sin descanso.

Noé era un hombre justo en un mar de personas malvadas. Por esta razón, Yavhé lo escogió para una tarea importante: debía construir un arca e introducir una pareja de cada especie animal - por lo menos de las conocidas en el Creciente Fértil, durante la época de las primeras ciudades - y a su familia. Así podrían salvarse del Diluvio, una catastrófica inundación que exterinaría al resto de los humanos y su iniquidad.
Los creacionistas son un grupo depensadores que opinan que todo lo que se describe en la Biblia ocurrió tal y como se describe. Pero no dan crédito a los exploradores que aforman haber encontrado restos del Arca en cualquier parte de las laderas del Ararat. Los evolucionistas son más pragmáticos. Se preguntan cosas como si el Diluvio fue universal cómo hicieron los marsupiales australianos y otras especies insulares para llegar  al Creciente Fértil. ¿Cuántos hombres trabajaron en el inmenso barco?¿A cambio de qué, si se suponía que sólo Noé y su familia tenían derecho a la salvación suprema?
El Arca es mencionada por autores clásicos como Beroso, un historiador caldeo (280 a de C) Este histriador caldeo afirma que unos peregrinos ascendieron por las faldas del monte Ararat en 273 a de C para recoger el alquitrán petrificado con el que supuestamente estaba calafateada el Arca. Flavio Josefo, un historiador judío, contemporáneo de Jesús, asegura que todavía en su época se hacían peregrinaciones para postrarse ente una embarcación encallada en las laderas del Ararat.
Una leyenda ortodoxa dice que un monje quiso ascender la montaña de 5165 metros y quedó rendido por el cansancio. En sueños un ángel se le apareció y le indicó que Dios había prohíbido a los hombres subir tan alto en busca del Arca. Como el ángel reconocía que la obediencia y la rectitud del monje eran encomiables le entregaría un presente. El monje ortodoxo se despertó con un trozo de roble en una de sus manos. Procedente del Arca.
Hoy en día, escalar esa montaña lo es todo menos recomendable. Está en la frontera entre Irán, Turquía y Armenia. Si el ejército fronterizo de uno de esos tres países te encuentra por allí y no das una respuesta que consideren satisfactoria puedes darte por encarcelado por espionaje.
La expedición más célebre tuvo lugar durante el siglo XX, y la dirigió Ferdinand Navarra, un empresario francés. En 1953, él y sus hombres encontraron en una grieta una estructura de madera del que logró arrancar un travesaño. Los análisis revelaron que se trataba de una estructura de hace más de 5000 años.
Según el Corán, el Arca está varada en las laderas de otra montaña cerca de la frontera con Irán, el monteAl- Juri. Otros técnicos de fotografía por satélite se han emocionado con una estructura con forma de proa de barco en el monte Tendurik, a 25 kilómetros del Gran Ararat. El lugar es llamado "La Tumba de los Ocho" porque se supone que los ocho pasajeros del Arca están enterrados allí.
Como detractores de todo este entusiasmo, los planetólogos aforman que una inundación que cubriera un monte como el Ararat, de más de 5000 metros, volvería la Tierra más pesada y la sacaría de su órbita. El aire sería irrespirable para los animales de tierra firme. Se habrían ahogado dentro del Arca.
Algunos geólogos conforman que sí sucedió algo. Quizá un maremoto en el Golfo Pérsico, provocado por la caída de un aerolito. Las aguas del Mar Negro eran dulces y se volvieron saladas de repente, en cuestión de unos días en 5.500 años antes de Cristo.

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